Textos > El Regreso de Ulises

TEXTOS
EL REGRESO DE ULISES

Manuel Cortés Castañeda
Eastern Kentucky University

No hay lugar a dudas de que un proyecto, cualquiera, que quiera difundir la poesía es cosa de ilusos o de locos en nuestro mundo globalizado. ¿O mejor sería decir vampirizado como lo acostumbran a decir las numerosas víctimas del festín? Aparentemente cada vez hay menos lectores de poesía, aunque los escritores de poemas de todo tono y estructura se multiplican cada vez más quizás con la esperanza inaudita de que la libre circulación de capitales y mercancías refundan en sus maletas al menos cada 100 años un nuevo lector de ilusiones. Michael Foucault dijo antes de morir que si todos fuéramos un poco poetas el mundo sería mejor y, sin embargo, ustedes ya saben que Platón no los quería por ningún motivo en su rex-pública. El escritor rumano Marín Sorescu afirma que podemos vivir sin pan pero no sin poesía. Rilke hizo de la poesía su castigo y su vida y su muerte. Vallejo se la devolvió al común de la gente desnuda y palpitante como las vísceras aún frescas de un animal destazado. Y voces únicas e insulares en este mar de repeticiones y recurrencias le han regalado a la poesía un nuevo aliento y una herida fresca que se deifica como una cascada infinita que no cae, pero que nunca deja de caer.

En un mundo de mercancías y de miserias y desplazamientos continuos por debajo o por encima de la ley y de armas inteligentes y de guerras que pasan aún antes de suceder en la mente de Dios, o de los tecnócratas, y de enfermedades que viajan a la velocidad de la luz y de nuevos profetas y culebreros, que nos venden la libertad a pedazos, y mensajeros de todo tipo que nos meten en el bolsillo un boleto para viajar sin contratiempos a la eternidad, no vendría nada mal comprar en el mercado al menos una vez por semana una lata de poesía. Y no importa que la lata haya estado demasiado tiempo en el refrigerador. Tampoco que la reacción química de los ácidos y el metal haya pervertido su contenido y, mucho menos, que la sustancia se haya echado a perder de forma definitiva, ya que es precisamente en la descomposición y la alteración de las valencias y los cocientes donde se alimenta la poesía y tantos otros desahuciados. Nuestra única posible perfección consiste en saber que somos imperfectos, afirmó alguna vez Barthes. Así que un poema enlatado en pleno desierto, aunque no es la solución última, podría al menos ser la piedra de choque que antecede a los caprichos de la lluvia y a los fantasmas de la época que nos ha tocado vivir.

La revista TEXTOS, cuyas páginas fueron abiertas especialmente a la poesía, nos dejó huérfanos, pero no abandonados, por algunos años. Simplemente desapareció como un amor que logra su clic y basta; o se hizo a un lado a contemplar y a disfrutar del canto de las sirenas y las maravillas de la globalización; o se echó como un perro iluminado, después de la caza, en el umbral del silencio a imaginar las sílabas que flotaban en el naufragio de un alfabeto de manos y de labios. Digamos que se disfrazó en el paraíso y que por ningún lado apareció con una manzana en la mano y una serpiente al oído. Se fue sin decir adiós y los amantes acongojados todavía se limpian las lágrimas y se lamen las heridas cada atardecer. O simplemente fue un rapto y después de una lucha infernal cuerpo a cuerpo logró saltar las paredes de la vigilia y volver en sílabas a las páginas de sus sueños para que el pan se nos haga poesía en la boca y ésta una pieza de pan en el desencanto de todos los días.

TEXTOS no sólo hace su reaparición en el contexto de nuestra aldea moderna recurriendo al papel sino también que emerge de su estación de derroche al espacio virtual: unas páginas deliciosas para tocar con las manos y un universo imaginario para alimentar las pupilas de los que no sepan cómo conciliar el sueño, o que no hayan encontrado el amor de sus noches en vela. Poemas enlatados que aparecen y desaparecen como un fantasma sin tiempo en el infinito de un universo sin tiempo y sin memoria. Esperemos que este silencio que se prolongó junto a las sirenas de Ulises vuelva cargado de nuevas voces y sílabas irreverentes, dispuesto a compartir su cosecha de viajero por tierras exóticas y pérfidas, junto a los demiurgos que le escamotearon sus cantos y visiones. Después de todo es del silencio o de su fracaso de lo que nos habla finalmente la poesía, aunque nos cueste oír su voz y su reclamo.

Las páginas de TEXTOS, como siempre, están abiertas para todos aquéllos que se atrevan a soñar despiertos y que hayan soñado que, a pesar del naufragio de nuestra cultura moderna, todavía podemos prescindir del pan, pero no de la poesía... o del poema.

Volveremos a encontrarnos frente a frente con las sirenas de nuestro tiempo acicalado de virgen, y volveremos a afianzar la llave en la cerradura, y el ojo en los despeñaderos del placer y el olfato en el fruto maduro del día que muere.